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Morir por culpa del fútbol

Thu 14 May 2020 | 19:02

En 1997, en Perú, una acción militar acabó con uno de los secuestros masivos más largos de América Latina. El balón, gran responsable del desenlace.

Una fecha de inicio: 17 de diciembre de 1996. Una fecha para el final: 22 de abril de 1997. Fueron 126 días. Una pesadilla que terminó en tragedia. Ese fue el tiempo que duró uno de los secuestros masivos más largos que tuvo América Latina. Sucedió en Lima, Perú. El Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) usurpó la residencia del embajador japonés (Morihisa Aoki) en la capital del país, tomando a casi 800 rehenes. La operación de rescate se produjo casi cuatro meses después y dejó 17 muertos (14 guerrilleros, dos militares y un rehén). Esa misma operación, denominada Chavín de Huántar, créase o no, se gestó a partir del fútbol.

Las casi 800 personas que estaban allí acudían a una recepción por el aniversario del natalicio del emperador japonés (Akihito). La mayoría de los asistentes fueron liberados en los siguientes días. De hecho, todas las mujeres, entre las que se encontraba la madre del por entonces presidente de la nación, Alberto Fujimori, fueron puestas en libertad durante la primera noche. Quedaron, en total, 72 hombres secuestrados. Ellos vivirían la horrible novela de forma completa.

Las negociaciones y los pedidos de clemencia se repitieron a lo largo de las semanas y de los meses, pero los acuerdos nunca aparecieron. Entre los reclamos del MRTA, se exigía “la liberación de todos los presos pertenecientes al MRTA” y el “compromiso de cambiar de rumbo la política económica por un modelo que busque el bienestar de las grandes mayorías”.

Al no existir un pacto o algo que se acerque a un compromiso, el gobierno de Fujimori empezó a gestar en silencio una gigantesca acción militar. Y aquí, como si fuera una ficción, la pelota se volvió protagonista: con movimientos de inteligencia y dispositivos tecnológicos, los militares habían comprobado que aproximadamente ocho miembros del MRTA (cuatro líderes, entre ellos) jugaban todas las tardes al fútbol. Como una pasión o como una religión. Y lo hacían alrededor de una hora.

El plan, entonces, fue atacar durante uno de aquellos “sagrados” partidos porque la vigilancia no sería tan estricta. Fue así como se inició el 22 de abril la acción de rescate: una primera explosión se realizó donde se estaba desarrollando un partido, causando la inmediata muerte de tres de los secuestradores. Luego hubo otras dos explosiones y treinta comandos ingresaron rápidamente al edificio para liberar a los rehenes y ponerle un punto final a esta historia.

El propio Fujimori, máxima autoridad de Perú en 1997, reconoció luego que entre ocho y diez secuestradores fueron “eliminados” cuando jugaban al fútbol y estaban desarmados.   


source: SportMob

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