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El Barcelona deja solo a Messi

Wed 23 October 2019 | 20:52

El rosarino definió y Ter Stegen evitó frente a un Slavia que si no puntuó fue por la enésima clase magistral del primero y el acierto del segundo.

"Hemos venido a ver a Messi" decían muchos, muchísimos, aficionados en los alrededores del Sinobo Stadium de Praga antes del partido. No al Slavia o al Barcelona, no. Habían pagado por ver al rosarino, que no pisaba la República Checa desde el año 2011, cuando el 'diez' aplastó al Viktoria Plzen con un hat-trick. Pero el checo es un pueblo que presume de tener buena memoria y, por lo menos en lo futbolístico, demuestra que es bien cierto. El rosarino firmó uno de sus mejores partidos de la temporada, si no el mejor, y dio la razón a los aficionados que habían ido a verle a él y solo a él.

Porque frente al Slavia él fue el Barcelona, para bien y para mal. El rosarino se inventó el gol que abrió el partido haciéndolo prácticamente todo de principio a fin. Recuperó el balón en zona de tres cuartos y se apoyó en Arthur Melo para recibir la asistencia del brasileño y abrir el marcador a los tres minutos de juego. Por aquel entonces el Barcelona todavía mordía, con una presión muy adelantada que impedía que los futbolistas del equipo checo se acercaran a la portería de Marc-André Ter Stegen. Lamentablemente para el Barcelona fue solo un espejismo y a partir del primer remate peligroso, obra de Jaroslav Zeleny, que obligó al alemán a lucirse, las ocasiones no dejaron de sucederse.

Lukas Masopust y Tomas Soucek también anduvieron cerca del gol pero siempre chocaron con un Ter Stegen que en el primer tiempo realizó hasta seis paradas de mérito. El Barcelona había logrado menos y Luis Suárez hasta desbarató un uno contra uno que le regaló Messi con un pase que rompió hasta tres líneas de la retaguardia checa para alargar a veinte partidos consecutivos su sequía goleadora lejos del Camp Nou. Abandonados al rosarino, los jugadores del Barcelona no tardaron en dejar de ser el equipo compacto de los primeros minutos y la autoridad demostrada hasta entonces se fue al garete.

Y sí, Messi es Mozart creando, Von Karajan dirigiendo y Pau Casals interpretando. Pero tener a un compositor que tanto dirige la orquesta como ejecuta las acciones individuales más brillantes no es suficiente. O ya no. Atlético, Juventus, Roma y Liverpool bien que avisaron a lo largo del último lustro pero el Barcelona sigue más empecinado en arrojarse a los brazos del rosarino que en acompañarle. En su toduez en alejarse de la propia identidad encajó el Barcelona el merecido gol del incansable Slavia tras un remate desde la frontal de Jan Boril que Ter Stegen no logró desviar pero que los barcelonistas podrían subsanar a los pocos minutos gracias al gol en propia puerta de Peter Olayinka.

Los embistes del Slavia solo despertaron a Messi, en cualquier caso. A partir de entonces se puso en modo omnipotente para evitar dejarse puntos en Praga para pasar el último tramo del partido jugando en todas partes, desde el lateral derecho al mediocentro sin perder por ello presencia en ataque pero ninguno de los pases que tanto él como un sacrificado Antoine Griezmann le brindaron sirvieron para que viera puerta. Si los hombres de Ernesto Valverde salen vivos de Praga es solo por Messi y Ter Stegen y ello, lejos de ser motivo de satisfacción debe serlo de preocupación porque el equipo catalán acabó el partido pidiendo la hora. El Barcelona ha convertido la mayor de las bendiciones de la historia del fútbol en una maldición. Y lo peor es que da muestras de no darse ninguna cuenta de ello.


source: SportMob