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Todo Michael Jordan necesita su Scottie Pippen

Sat 25 April 2020 | 11:27

Cualquier genio del balón necesita un futbolista top para pasar a la leyenda. ¿Quiénes han sido los mejores ‘secundarios’?

El mundo del fútbol se empeña constantemente en buscar, definir o destacar a aquellos que, durante toda la historia, fueron capaces de marcar diferencias sobre el resto. Y, una vez seleccionados los futbolistas más trascendentales, se tiende a la comparación. Con la sinceridad por bandera, resulta absolutamente imposible ser justos y fehacientemente realistas, cuando se habla de épocas tan radicalmente opuestas. Es decir, en los años 30 no existía el profesionalismo en la mayoría de países, en los 60 apenas competían un grupo de clubes mucho más preparados que el resto e incluso si nos vamos al fútbol más actual, resulta que las reglas poco o nada tienen que ver con las de hace 50 años. Por tanto, resulta inviable sacar sentencias sobre quién es el mejor futbolista de la historia, por más que nos hagamos una idea de los que siempre estarán entre los más grandes.

Sin embargo, hay muchos otros atractivos para debatir y analizar entre aquellos genios que sí lograron marcar diferencias como iconos porque detrás de sus estadísticas, títulos y grandes focos, siempre estaba un actor secundario, un compañero especial, un impulso de lujo, que fue tan participe de aquellas gestas como el que se llevó todos los flashes. Si cambio de deporte y me alineo al baloncesto, el mejor jugador de todos los tiempos parece estar más o menos claro (salvaguardando las distancias por el cambio de épocas) y todos apuntarían a Michael Jordan. El eterno 23 es, probablemente, el mayor talento a nivel individual que haya dado jamás ningún deporte. Sus seis anillos de campeón de la NBA con Chicago Bulls, convirtieron aquello en algo mítico y legendario, pues no sólo levantó a una franquicia secundaria en el país, sino que los colocó en la eternidad con sus triunfos, estilo y liderazgo. El genio, está claro, era él. Y, aun así, ni Jordan ha podido esquivar o esconder que los seis anillos los ganó con una estrella planetaria a su lado.

Un jugador que siempre era un notable alto. El segundo mejor defensor, el segundo mejor anotador y hasta el mejor asistente, que también fue 7 veces All-Star y que, ojo, está considerado entre los 50 mejores baloncestistas de la historia. Porque no hay luz que brille sola. Porque no hay talento que se impulse por sí mismo. Porque no hay carácter que pueda afrontar cada obstáculo en solitario. ¿Qué hubiera sido de Michael Jordan sin Scottie Pippen?

El fútbol, siempre mirando de reojo al mejor ejemplo posible que nos dejó el basket, también ha tenido diferentes ejemplos que demuestran que detrás de todo líder planetario, hay un auténtico crack que aportó, empujó, levantó y hasta salvó muchas noches pero que, sobre todo, supo hacer todo eso sin pretender, nunca, solapar la grandeza del número uno. No es fácil encontrar símiles futbolísticos porque, al contrario que los Bulls de Chicago, en fútbol no existieron tantos campeones de manera consecutiva o que mostraran un dominio de tanta magnitud pero… ¿Quién fue el Scottie Pippen que necesitó toda estrella del fútbol durante su carrera?

Karim Benzema (de Cristiano Ronaldo):

Cuatro Copas de Europa en cinco años, son suficiente crédito para ser comparados a los dos magos de los Bulls. Todos los focos, por méritos propios, eran para el portugués, goleador infranqueable, records estadísticos, aniquilador de títulos y siempre foco número uno por sus títulos globales e individuales. Uno de los mejores de la historia, sencillamente eso. Pero nadie puede ocultar que, vestido de madridista, su sociedad con Karin Benzema fue la que fraguó gran parte del éxito madridista (más allá de Zidane en el banquillo como estímulo global de la plantilla). Karim es un delantero capacitado para generar tanto fútbol alrededor, que no neceita vivir en el área, sino aglutinar alternativas, surgir en espacios y crear continuamente actividad y aportes para gestionar con matices el ataque blanco.

Y de ello se aprovechó, sobre todo en sus últimos tiempos juntos, CR7. El portugués fue el máximo goleador del Real Madrid en todas las temporadas en las que jugó en el Santiago Bernabéu pero, ojo, en todas ellas tuvo a Benzema al lado como asistente número uno y, además, marcando 20 goles al menos. Es decir, un dúo perfecto donde brillaba uno y el otro asumía, desde un rol secundario, su papel, consciente del beneficio global.

Andrés Iniesta (de Leo Messi):

"Extraño a Iniesta. Sabíamos que ganábamos, jugáramos contra quien jugáramos sabía que ganábamos". Son palabras de Leo Messi, hace apenas dos años, cuando definitivamente se dio cuenta que el Barcelona estaba ya en una fase muy posterior, reestructurado al completo y con nombres de otra entidad. Y, sin embargo, el argentino, que podríamos considerar como número uno de la actualidad y uno de los más grandes de todos los tiempos, nunca podrá olvidar ni ocultar que, sin Iniesta, nada volvió a ser jamás igual. Xavi Hernández también podría sumarse a este dúo, pero el manchego, historia viva del fútbol español, fue el socio perfecto para Leo. Asistente, creativo, diferencial entre líneas, socio ideal y, además, capaz de coger el peso en partidos clave de la historia culé.

Sin él, Messi quedó huérfano, más enfocado, completamente arrinconado en las malas y extremadamente solitario en las buenas. Siempre tuvo referentes top que dulcificaron esa ausencia (Luis Suárez sobre todo, Neymar por momentos… ), pero la mejor versión azulgrana siempre será la que empezaba en un giro entre líneas de Iniesta y se asociaba con Messi para, después… inventar magia. Y todos son conscientes de ello, incluso el propio 10.

Ruud Gullit (de Marco Van Basten):

Pocas parejas en la historia del fútbol han logrado generar tanto aprecio, simpatía y, a la vez, temor por su capacidad competitiva, como la que siguen exaltando incluso hoy, los dos genios modernos del fútbol holandés. Y pese a la gran cantera del país, no salieron de la misma, porque Marco es del Ajax y Ruud del Feyenoord. Y, sin embargo, se unieron, fueron cracks de la misma generación y entendieron que, juntos, iban a ser una fuerza imparable. Van Basten fue un goleador exquisito, elegante, fino, dulce y aniquilador con el magistral arte de la definición en todas sus variantes. Tres Balones de Oro lo colocan como genio magistral del fútbol y, por tanto, pese a su carácter difícil, siempre fue determinante y pieza clave para armar equipos en torno a él.

Pero si indagamos en los grandes logros de su carrera, tanto en la Holanda del 88, la magistral ‘Naranja Mecánica’, como en el Milan ganador de dos Copas de Europa con Arrigo Sacchi, el pilar sobre el que se gestionaban las ideas, se iniciaba la transición y se advertían los factores diferenciales de ese estilo, fue su compañero Ruud. Gullit era, con aquellas trenzas ‘afro’ y su espigada figura fibrosa, el epicentro de operaciones. Llegador increíble, cabeceador mayúsculo, enorme disparo, capacidad para centrar, jugó en cualquier posición (hasta de líbero) y el más listo para interpretar el juego. “Gullit era quien entendía todo lo que yo buscaba ejecutar en el partido”, me contó Sacchi posteriormente. Un número dos… que en el fondo, era un número uno por sí solo.

Luis Suárez (de Sandro Mazzola):

No hubo muchos clubes que lograran, en la historia del fútbol, perpetuar su dominio durante varios años y en Italia, donde a inicios de los 60 todo se multiplicó, la clave fue la pelea entre Milan e Inter. Los dos clubes luchaban por la hegemonía nacional y Europea y aunque los rossoneri golpearon primero, la clave para la reacción neroazzurri fue juntar al genio, con otro genio que lo liberara. En el corazón interista, el número uno es Sandro Mazzola, un talento sobrenatural y enorme goleador, que ganó 4 SerieA, 2 Copas de Europa y 2 Intercontinentales como interista. Y eso, no se discute, aunque en todos ellos, estaba a su lado, el líder medular de aquella hornada, un auténtico Balón de Oro como Luis Suárez Miramontes (Mazzola, no lo fue nunca).

‘Luisito’ fue la pieza perfecta que Helenio Hererra supo pulir en su esquema, tildado de defensivo, pero con matices tremendos de contragolpe y muchos jugadores de ataque, sobre los que Suárez era el peón fundamental. “Luisito y yo compartíamos habitación en el hotel. Una vez, antes de un partido, me desperté a las 8 de la mañana y no lo vi. Al asomarme a la ventana, allí estaba, en el jardín del hotel, entrenándose por su cuenta. Algunas carreras, luego flexiones… Fue todo un campeón”, contó Mazzola años más tarde sobre la otra parte de su éxito.

Mané Garrincha (de Pelé):

“Cuando O Rei estuvo fuera, por lesiones, en el Mundial 62, fue Garrincha quien hizo de Pelé y lo hizo tan bien, que para muchos, el mejor de Brasil históricamente, es Garrincha”, me conto el enorme periodista brasileño Juca Kfouri hace años. Mané Garrincha, ese extremo de piernas encorvadas, que tenía una más larga que otra, que era adicto al alcohol y al tabaco pero que era, simplemente, un genio. Pelé irrumpió como el chico maravilla en el Mundial 58 donde, tras un inicio desconocido porque sólo tenía 17 años, acabó siendo fundamental y aupó su leyenda, que luego explotó ganando dos Mundiales más. Y, sin embargo, es imposible que alguien crea que lo hubiera logrado, los dos primeros, sin la presencia de Garrincha. Lesionado ante Checoslovaquia y sin poder jugar más en el torneo, Pelé dejó todo en manos del azar brasileño y allí surgió Mané, considerado el mejor regateador de la historia.

Veloz, desequilibrante, giraba con agilidad increíble y rompía rodillas a los rivales al intentar seguirlo. Un rayo que vestía el ‘7’ y cuyos amagos, cambios de ritmo, frenadas en seco y regates a modo de juguetear con los enemigos, le dieron aquella segunda cita mundialista a la verdeamarelha. “Pelé era el número uno. Garrincha el número dos. Los dos jugaban juntos. Era como tener a Messi y Cristiano juntos en el mismo equipo”, resaltan los periodistas brasileños a día de hoy sobre aquél dúo.

Gerd Muller (de Franz Beckenbauer):

El considerado mejor libero de la historia del fútbol (porque inventó ese rol dentro del deporte rey  y lo explotó como nadie), fue un líder increíblemente sólido en el Bayern de los años 70 que ganó 4 Bundesligas, 3 Copas de Europa, 1 Intercontinental e incluso, con Alemania, 1 Mundial y 1 Eurocopa. Registros increíbles que compartió, en la distancia aunque con protagonismo real y determinante, con su compañero goleador, Gerd Muller. Porque si el ‘Kaiser’ marcó leyenda como defensor en una posición casi inventaba para él, su goleador puso apodo, sobrenombre y sello a todo aquello que tuviera que ver con la facilidad para marcar en la portería rival. Rematador increíble, pronto fue tachado de ‘Torpedo’ por el rédito brutal que sacaba a sus apariciones en los partidos.

Rematador rápido, directo, sin aspavientos y sin dilación. Te vacunaba en cuando una pelota estuviera suelta sin dueño. Un aniquilador de sueños para las defensas rivales, que aun es el máximo goleador de la historia de la Bundesliga que también fue Balón de Oro. ¡Ojo! Un goleador histórico, legendario que, además de ganar colectivamente, fue capaz de levantar el mayor premio individual y, aun así, vivir a la sombra del ‘Kaiser’. Un gran parecido con el Pippe de Jordan.

Tom Becker (de Oliver Atom):

Probablemente el fútbol no haya ofrecido ejemplos tan poderosos, concretos y reales como el que dejaron en la historia los Chicago Bulls liderados por Jordan y secundados por Pippen. Porque un equipo tan ganador, de tanta valía, de tanto potencial y con dos genios a la vez, pocas veces se ha visto al primer nivel ganando todo tipo de trofeos. Por ello, puestos a comparar, tirando de ficción, la vida animada nos permitió disfrutar del mejor Pippen de la historia, un Tom Becker que siempre estaba a la sombra de Oliver Atom pero que, sin su aporte, jamás habría llegado a consumar su grandeza. Tom estuvo ahí en cada duda personal, ejerciendo de amigo y siendo quien escuchaba cualquier obstáculo del líder. En el césped, sus maniobras fueron siempre decisivas, sacudiendo problemas cuando aparecían y dando la cara para ganar títulos. Cómo sería su vinculación a Oliver, que juntos, crearon el ‘Tiro Combinado’, la maniobra más letal de toda la serie y que compenetraba, en un solo disparo, las aptitudes de los dos grandes geniso del balón. Es una serie, es ficción y es ironía, pero no le falta ni un ápice de ejemplaridad perfecta para lo que supone ser el perfecto acompañante en la sombra.


source: SportMob