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Las dos caras de Bale, el tremendo jugador que se pierde en algunos detalles

Mon 02 September 2019 | 8:20

Marcó dos goles, se ha ganado la confianza de un jefe que no le aceptaba, pero sigue teniendo lagunas y terminó expulsado

Gareth Bale es un ser humano desconcertante. Este verano estaba de salida, enfadado con el mundo. Su entrenador fue bastante explícito en su intención de que se marchase del equipo porque no veía ya de dónde sacarle rédito a un jugador así. Se quedó, por supuesto, porque cada vez es más difícil vender un artículo que vale como si fuese de alta gama pero genera dudas. Y el caso es que tiene un sueldo enorme y sufre de episodios de apatía, pero también es un jugador especial, con mucho talento y gol, conceptos ambos de los que no parece estar sobrado este Real Madrid. 

Por eso, toda vez que Zidane ya sabe que se va a quedar con él, juega. Porque su fútbol no es completo, pero sí efectivo. Bale es rápido y define bien, cualidades que le convierten en un jugador muy útil. En Villarreal tuvo dos y marcó otras tantas. A nadie le sorprendería que terminase el campeonato como el mejor goleador del equipo, entre otras cosas porque parece ser el único del plantel que tiene la portería contraria como objetivo irrenunciable y necesario. Hay muchos pensando en generar juego, pero la obsesión del gol es cosa de Bale. 

El galés, en ese constante yin y yan que es su vida, salió del campo del Villarreal con dos goles y dos amarillas, es decir, no jugará contra el Levante. Quizá pecó de exceso el árbitro, especialmente en la primera de ellas, pero es que Bale estaba ya a esas alturas del partido espídico, pasado un poco de rosca y con ganas no solo de marcar otro -él nunca se olvida de eso- sino también de buscar algo de pelea.

Algo que no es recomendable normalmente, pero igual no es del todo un mal síntoma, pues quiere decir también que todo esto le importa. Es clave, tener enchufado al jugador que más capacidad tiene para resolverte los partidos, y el exceso de potencia también es algo que se puede calibrar. Si se quedó en España cuando parecía que se iba, y empezó a entrar en el equipo porque es bueno y es de los pocos que parece fresco, nada debe hacer pensar que no será capaz de darle la vuelta a esto también. Con Bale en forma e implicado, el Real Madrid estará más cerca de parecerse al equipo que quiere ser, uno exuberante y ganador.

Es verdad que no es un gran generador de juego, entiende solo a medias el juego de posición y no es ningún genio en el desmarque o la asociación con los otros jugadores. Ahora, cuando el balón cae en sus pies y hay un poco de espacio, lo tiene casi todo para triunfar, es muy veloz y tiene un toque privilegiado del balón, que lo pone donde quiere y a velocidades asombrosas.

Bale brilló en la izquierda, como es lógico porque es su mejor lado. El problema aquí es que ese carril parece ser el mejor de todos los atacantes del equipo blanco y, aunque tampoco es necesario morir por la simetría, igual el equipo hubiese agradecido que alguno de ellos hubiese sido feliz partiendo desde la derecha. Por aquello del equilibrio y esas cosas que se suelen esperar de los mejores equipos. 

En Bale hay síntomas buenos y otros malos, su vida entera parece complicada. Es el trabajo el que puede salvarle, llegar a ser el jugador que su representante cree que es. En este vodevil que es el fútbol, se han dicho y han pasado demasiadas cosas como para que no se mire a Bale con cierto escepticismo. Y, a pesar de todo eso, también suena a clave para que este Real Madrid no naufrague del todo. Un ancla para mejorar un equipo entero. 


source: SportMob
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